Fernando era un tipo representante típico de su clase social; su vocabulario, ademanes y desparpajo no dejaban lugar a dudas.
Las grandes necesidades de su familia lo obligó a abandonar sus estudios de segundaria y dedicarse al comercio informal, lo cual lo convirtió en un habilidoso comerciante que se le medía a cualquier venta: muebles metálicos o de bambú, frutas o verduras, pescado y todo aquello que le reportara dividendos inmediatos para el sostenimiento de su familia, y por supuesto, para su juego de dominó o de cartas a que era aficionado y su parranda de los sábados. Como era muy glotón, el exceso de peso pretendía quitárselo el domingo jugando fútbol con otros rodillones del barrio. Era un buen jugador, pero esa mañana el exceso de grasa y alcohol hicieron mella en su corazón.
Él pidió cobrar el penalti y ya se impulsaba cuando le sobrevino el infarto fulminante. Muchos aficionados y compañeros de equipo gritaron y se llevaron la mano a la boca cuando lo vieron caer de bruces. Otros, que estaban distraídos, no sabían si los gritos eran porque metió el gol o porque lo falló.
En cambio Calixto era un tipo muy serio y de gran paciencia, virtud ésta que no era innata en él, sino que la adquirió de tanto negociar con los turcos de la ciudad, al igual que su olfato y habilidad para realizar buenos negocios.
Tenía varios empleados y muchos amigos, todos daban fe de su honestidad y respetabilidad. Por eso ese lunes en la mañana cuando sus empleados abrieron el depósito, los comerciantes de la cuadra se llenaron de estupor y después de indignación al encontrarlo en el piso, yerto y cuan largo era, con un puñal clavado en el pecho.
Fernando y Calixto no eran vecinos, pero a raíz del tipo de negocios que realizaban llegaron a conocerse y hacerse buenos amigos. Curiosamente dejaron de llamarse por sus nombres propios; para Fernando, Calixto era su ¨compa¨ y para Calixto, Fernando era su “compadre”. Y como si el sino de ellos se extendiera al más allá, ambos fueron enterrados en el mismo cementerio y, ahora sí, eran vecinos.
Calixto - Compadre, hace rato que usted no se muere ¿Qué habrá pasado?
Fernando - No sé compa, pero le confieso que eso me tiene preocupado. En fin, ya falta poco para confírmalo, mientras tanto no hago más que pensar en ello. ¿Cómo será ahora, igual o será diferente?
Calixto - Tranquilo compadre que como usted lo dijo, ya falta poco y yo se lo confirmaré para que esté preparado.
Fernando - Oiga compa ¿Cómo sabe usted tanto del mundo de allá si nunca quiere salir y aprovechar los paseos en las horas permitidas?
Calixto - Fácil compadre. Afortunadamente cuando vinimos a parar aquí, aún respetaban las normas urbanísticas y los lotes quedaban bien alineados. De suerte que, como la capilla tomó un ancho mayor, el lote mío quedó taponando esta callecita que es por donde yo me entero de todo. Por eso es que no doy con frecuencias esos paseos a los que usted es tan aficionado. Prefiero estar aquí a la expectativa.
Fernando - Pero compa, hace un tiempo parecía que usted estaba muerto de verdad porque permanecía siempre mudo.
Calixto - Y no es para menos compadre, no ve que me clavaron un carro de guarapo allá afuera tapándome la calle. Afortunadamente la oficina de espacios público a veces funciona y lo quitaron, si no, todavía estuviera “mamando”. Pero dígame una cosa ¿Por qué usted no se pierde un solo paseo en las horas citadas?
Fernando - Compa, usted sabe que yo era una persona chévere y quiero seguir siendo así. Me gusta charlar, conocer nuevas personas. Debe saber que los vecinos nuevos hablan hasta por los codos y preguntan más que fiscal nuevo.
Calixto -Pero si le gusta tanto hacer relaciones interpersonales ¿Por qué no va a cualquier hora?
Fernando - ¡Pero bueno compa, usted no sabe que estamos muertos! Nosotros ya no pertenecemos a la luz del sol. Eso le pasa porque ni siquiera sale a leer los reglamentos. ¿Cuándo se ha oído que un muerto sale al mediodía? ¡Ah!
Calixto -Bueno, pero no se enoje. Ya es muy temprano así que descanse en paz.
Fernando - ¡Espere! Espere un poco. Debo comentarle algo.
Calixto - Un chisme, a lo mejor.
Fernando - Oiga compa, usted ya no me quiere respetar. Pero tranquilo que yo sé quien le hace esos comentarios. El cuento, o como quiera llamarlo, es que me encontré con el turco Abraham, aquel a quien usted le tumbó la carretilla de ropa.
Calixto - ¡Epa! Pare, párela ahí compadre que yo no me tumbé ninguna carretilla. Usted sabe que yo manejaba varios negocios y cundo me pasó lo que me pasó mi mujer no sabía nada. Ella sólo sabía de la plata para la casa pero no de mis negocios ¡Como debe ser!
Fernando - Está bien, está bien. Tómelo por el lado amable, además, a él no le interesa la mercancía, si ya se jodió también.
Calixto - ¿Entonces, para qué lo fue a asustar?
Fernando - ¡Qué asustar ni que nada compa! Usted a veces se pone cabeciduro y pesado como la cédula que tiene al frente.
Calixto - Aja, ya entendí. ¿Y entonces?
Fernando - Bueno, yo fui a averiguar otro cuento y estaba atisbando sobre un nicho cundo me doy de frente con él que estaba haciendo lo mismo hacia acá. Enseguida me increpó: ¡Oye tú, dónde está tu compadre, yo sé que andan juntos todavía! Y entonces me soltó todo un “rollo”.
Oiga compa, quien lo veía a usted ah, todo seriecito con sus camisas de dacrón y estaba castigando a la mujer del turco, eh ¡sinverguenchón!
Calixto - ¡Mierda, compadre! ¿Le contó eso? Ahora si estoy envainado.
Fernando - Fresco, fresco. Que como es judío lo metieron en el barrio de al lado.
Calixto - ¿Y...?
Fernando - Hombe compa, que ellos no pueden entrar a nuestro barrio.
Calixto - Ah, bueno... Aja ¿y ahora que le pasa que está tan pensativo?
Fernando - Carajo compa, que nosotros somos compadres de puro compadraje, pero nunca bautizamos a nadie.
Calixto - ¿Y eso a que viene o que tiene que ver?
Fernando - Que con ese cuento varias veces lo encontré en mi casa dizque esperándome y ahora, con lo que me contó el turco, no sé si era que no podía salir a tiempo.
2
El cementerio universal de la ciudad de Barranquilla, otrora en el perímetro de la ciudad, fue rodeado por esta en su acelerada expansión del siglo pasado y ahora ocupa un sitio muy central. Al igual que la ciudad, el cementerio no se sustrajo a los cambios que traen los nuevos tiempos, ni a las nuevas ideas sujetas a nuevas necesidades.
Fernando - Compa... ¡Aló compa! Bueno, qué le pasará que no quiere contestar.
Calixto - Le parece poco como me ofendió ayer.
Fernando - ¿Usted cree compa? Tranquilo que eso ya pasó. Asómese para que charlemos un poco.
Calixto - De qué quiere que hablemos.
Fernando - Así está mejor. De cualquier cosa. Oiga compa ¿Usted se ha dado cuenta como ha crecido nuestro barrio y lo cambiado que está?
Calixto - Bueno, que haya crecido es normal, lo cambiado si es diferente. Mire que ya la primera etapa, estrato 4 y 5 como lo llaman ahora, es puro mausoleos con estatuas guardianes y todo eso. Que yo no sé de qué carajo los cuidan porque cuando se están robando las flores ni se mosquean. La segunda etapa, la nuestra, de estrato 2 y 3, tienen unas tumbas chéveres, con grandes floreros y lápidas bruñidas y en alto relieve.
Fernando – Compa, a usted le pusieron tremenda lápida ah. Su mujer como que quería asegurarse que no saliera más de ahí.
Calixto - Compadre, esas son las vainas suyas que me sacan la piedra. Después anda gritándome para que salga.
Fernando - Fresco, fresco. Continúe.
Calixto - Las últimas etapas si son una novedad. Parecen urbanizaciones de países socialistas, al estilo de la ciudadela 20 de Julio. Ahora ve usted allá en los extramuros, tumbas de cuatro pisos milimétricamente iguales y hay que ver el relajo que se forma ahí porque las lápidas son todas iguales.
Fernando - ¿y qué pasa con eso?
Calixto - Que entonces viene la señora que nunca quiso coser los bolsillos del pantalón, ni pegar los botones de la camisa del marido y le clava tremenda corona de flores al man.
Fernando - ¿Y...?
Calixto - Que la mamá del joven muerto, de la tumba de al lado, formó tremendo lío en la administración, porque tiene dos horas de estar buscando la tumba de su hijo y no la encuentra. Ella los insultó y amenazó con demandarlos por haber trasladado de tumba al muchacho sin previo aviso. Después que el administrador le muestra la tumba, la mamá le quita la escalera a la señora sin que ésta se hubiera bajado del todo; se sube ella gritándole un poco de vainas a la señora por invadir la propiedad privada de su hijo y le tumba todas las flores.
La señora, ofendida y con raspones en la rodilla, le grita a la otra que se baje para enseñarle dizque a respetar. Tan pronto se baja, un señor se lleva la escalera y las dos salen correteándolo.
Fernando - Tronco de guachafita compa, y dicen que descansamos en paz.
Calixto - Y eso no es nada compadre, en las fechas claves que sabemos es peor. Mire que los tipos de mantenimiento se hacen los locos y desaparecen los baldes, el agua y las escaleras. Tan pronto llega el doliente se le aparecen y le dicen: “oiga, yo tengo una escalera particular y agua, me tira tantas “lucas” y le dejo todo reluciente”.
Al día siguiente.
Fernando - Caramba, hace rato que debió aparecer... ¡Compa, compa!
Calixto - ¡Ya voy, ya voy!
Fernando - Compa, es que de la conversación de ayer me quedó una inquietud y como usted es una persona muy sabida quisiera que me contara de otros barrios, porque yo siempre estaba ocupado para ir a entierros. Eso me daba terronera.
Calixto - A mí también compadre, pero sí, asistí a varios sepelios y conocí otros cementerios. Le cuento que hay personas que al llegar a una ciudad van a conocer la catedral, el cementerio y el teatro si lo hay. Yo a eso nunca le vi la gracia. Pero recuerdo especialmente el viejo cementerio de Manga, en Cartagena. Las dos o tres veces que entré ahí me sentí transportado a 200 o 300 años atrás, como a la época de la colonia. Y eso se debía a que me dedicaba a buscar las tumbas más antiguas y también los epitafios más raros como uno que dice: “En el mar tu tumba y aquí tu recuerdo”.
Fernando - ¡Se lo comió un tiburón compa, seguro!
Calixto – Ya estos cementerios de tumbas superficiales y aéreas se están acabando, ahora son dos metros bajo tierra y se acabó, o lo hacen chicharrón.
Fernando – Compa ¿usted sabe por qué cementerio se escribe con c?
Calixto – No sé. Esas son normas ortográficas ¿Por qué?
Fernando – Sencillo, porque nos encierran con un montón de mezcla hecha con Cemento. Oiga compa, a mí me contaron que esos cementerios son muy silenciosos porque los residentes poco salen a pasear, ya que quedan muy cansados.
Calixto – ¿Cansados de qué?
Fernando – Compa, de quitarse de encima dos metros de tierra.
3
Barranquilla es una ciudad cosmopolita y tiene un carácter festivo muy especial. Así como sabe “sobre el yunque martillar” también sabe parrandear, en un jolgorio casi interminable. Sus fiestas son muy populares y así lo han sido siempre: San Juan, San Pedro y San Pablo, San Roque, día de la virgen del Carmen, día de la virgen de Chiquinquirá, día de la secretaria, día del amor y la amistad, día de las brujas, Once de Noviembre, San Martín, día de la Inmaculada, Navidad, año nuevo y si usted cree que termina con los carnavales se equivocó, pues todavía falta la Semana Santa.
Fernando – Hola compa, tan temprano afuera… ¿Me estaba esperando?
Calixto – No, nada, aquí aburrido. Viendo como van cambiando las cosas. Estos aguaceros cada vez son más violentos y le calan a uno hasta los huesos. Luego el sol es tan ardiente que uno se deshidrata muy rápido.
Fernando – Tranquilo compa, ya pronto todo eso va a cambiar. Ahora vienen los grados, las brisas decembrinas, navidades y los carnavales.
Calixto - ¡Todo eso ha cambiado también compadre!
Fernando – Lamento que esté de ese humor compa. Yo sé que las fiestas han cambiado mucho. Había que ver como disfrutaba yo de esa temporada de fiestas que se iniciaban el 31 de octubre con la noche de brujas, sin agraviar a la del lado.
Calixto – Compadre, luego me va aclarar qué fue lo que le pasó con la vecina. Pero ahora dígame ¿Usted sabe cómo empezó esa fiesta en nuestra ciudad? Porque esa fiesta es gringa y aquí teníamos la de angelitos.
Fernando – Bueno compa, lo que pasó es que la fiesta de angelitos era exclusivamente de niños y para remate era en la mañana. Además, esa vaina de estar regalando pedazos de panela, guineos o canutos de caña ya no era elegante y la fiesta fue desapareciendo paulatinamente, de la misma manera como fue apareciendo la fiesta de noche de brujas. Yo recuerdo que por allá por los años 60, algunos colegios de gringos o que daban cursos de inglés, como el Boston School en la carrera 43 con calle 44, organizaban en sus claustros bailes de disfraces. Chicos y chicas disfrazados de brujos y brujas dejaban viendo un chispero a los chicos de los otros colegios. Así que poco a poco los bailes de noche de brujas fueron cogiendo auge y se esparcieron por toda la ciudad.
Era muy gracioso y placentero ver cuánta alegría y felicidad mostraban los niños de los jardines infantiles y colegios de primaria ese día, disfrazados no sólo de brujitos y brujitas sino de cuantos héroes existieran: Batman, Robin, Superman, Hombre Araña, Mujer maravilla, Kaliman, Karatecas, etc. Tomaban refrescos, comían galletas, chupaban caramelos y pasaban el día más feliz del año. Sin que jamás pasara por la mente de esos niños ni de sus padres alguna idea que no fuera divertirse sanamente. A prima noche repetían en su cuadra o barrio, pidiendo dulces a los vecinos que previamente se habían ataviado con bolsas de caramelos para esperarlos. Y era hasta económica porque si usted se gastaba una bolsa de caramelos, sus hijos, o nietos o sobrinos, traían una o dos bolsas a su vez. Más tarde les tocaba a los adultos. Todo chévere, todo normal.
Calixto – Compadre ¿Entonces por qué decayó esa fiesta?
Fernando – Mala interpretación de las cosas compa. En la constitución del 91 se estableció la libertad de culto y a raíz de eso, apareció una carrandanga de sectas que parecen más preocupados por Satanás que por Dios. De manera que ese día correteaban a las personas y las atosigaban en los buses gritando a pleno galillo que el diablo se apoderaría de ellos y de sus hijos por rendirle culto. Menos mal que no se atreven hacer eso con el carnaval.
Calixto – Caramba compadre, me sorprende la manera fluida como está hablando esta vez.
Fernando – Compa, lo que pasa es que de eso sí puedo hablar yo. Usted sabe como era yo de parrandero. Cómo olvidar esas fiestas o los carnavales que incluso aquí los disfruto un poco cuando la brisa nos trae el sonido de los tambores, que aunque se desvanecen nos llenan de nostalgia. Todo eso gracias a que estamos bien ubicados y no por allá por el rabo de la mula como los nuevos cementerios.
Calixto – ¿Compadre, recuerda la calle de La Rumba?
Fernando – Hombe compa, cómo olvidar eso si fueron los mejores carnavales.
Calixto - ¿Entonces, por qué aquí protestaron tanto?
Fernando – No todos compa, sólo los que habían llegado recién. Compa, es que esos picó de ahora sí que suenan duro y cuando botaban un bajo de esos secos, todas las tumbas se estremecían y a esas personas les molestaba mucho que sus huesos se cayeran antes de tiempo.
Calixto – Compadre, la verdad es que los carnavales son extraordinarios. Mire que en esos festejos de la calle de La Rumba, desde la una en adelante, hasta las cuatro o cinco de la mañana, ahí en el parquecito del frente, hay más “entierros” que durante todo el año aquí en el cementerio.
Fernando - Compa, usted sabe que los vivos no pierden el tiempo y son muy ingeniosos en ese cuento. Mire que han abierto varias residencias alrededor de este cementerio. De manera que ahora cualquiera hace el “revolcón” ahí y si se lo pillan, no miente si dice que estaba por aquí en un entierro.
Calixto - Compadre, ahora sí cuénteme qué fue lo que le sucedió con la vecina de aquí al lado ¿por qué están bravos?
Fernando – Yo no, compa. Ella es la que está molesta. Resulta que una noche sonaba un picó ahí en la calle del frente, yo la invité a bailar. Ella no quería porque le daba pena bailar así desnuda. Bueno, yo insistí y la convencí. Bailamos un disco viejo, Tamborito de Carnaval ¿lo recuerda? O.K. Después pusieron un disco de un baile nuevo, el baile de la botellita que estaba de moda. En ese baile se coloca una botella en el piso y la mujer se va agachando cadenciosamente hasta casi tocar la botella. Pero como no había botella yo coloqué mi fémur. Compa, usted sabe lo engorroso que es armar el esqueleto…
Calixto – Aja ¿Pero qué pasó?
Fernando – Que ella empezó a agacharse pero se resbaló…
Calixto - ¡Mi madre!
4
Calixto – ¡Compadre, compadre! ¡Carajo! ¿Qué le habrá pasado si él es quien siempre me llama?
Fernando – Hola compa.
Calixto – Epa y esa vaina ¿Ahora qué le pasa?
Fernando – Hombe compa, que me enteré que a esta calle la van a desalojar porque dizque ya cumplimos el tiempo y nos van a mandar al palomar.
Calixto - ¿Palomar, cuál palomar?
Fernando – Ese que está allá, en la entrada.
Calixto – ¡Ah! se refiere usted a la galería de los nichos.
Fernando – El problema es que yo me voy primero que usted y a lo mejor vamos a quedar separados. Yo que estaba tan chévere aquí.
Calixto – Bueno compadre, a lo hecho hueso. Mientras tanto disfrutemos los días que faltan, porque allá si vamos a pasar un buen rato, como dice el refrán “no es nada morirse sino lo que uno dura muerto”.
Unos días después.
Calixto - ¡Compadre, compadre!
Fernando – Qué pasa compa, cuál es el escándalo.
Calixto – Que ya es hora compadre, llegó el día que tanto esperaba. Hoy viene la chica.
Fernando – Ah, gracias compa.
Calixto – Póngase pilas y prepárese para que esta vez no lo afecte tanto el infarto. Ya son las 4 p.m. compadre, ahorita viene -Al rato- Vea ¡ya pasó, ya pasó!
Fernando – Ah, que vaina compa, tanto tiempo esperando este momento y mire lo que trae puesto ¡un jean descaderado!
Calixto – No se ponga así compadre y tranquilícese que usted sabe que dentro de ocho días tiene que venir por regla, pues es la fecha oficial, el 2 de noviembre.
Fernando - ¿Y si se pone esa vaina otra vez? Recuerde que ya no tenemos mucho tiempo aquí.
Calixto – Tenga fe, tenga fe.
Una semana después.
Calixto – Hoy sí es el día compadre. Ojala no se le antoje a un vendedor de flores de ponerse ahí al frente ¡Ya la vi compadre, ahora sí!
Fernando - ¡Dígame compa, dígame como viene!
Calixto – Trae el cabello suelto, gafas oscuras sobre la cabeza y un celular en la mano.
Fernando – ¡No se haga el pendejo compa y dígame lo que quiero saber!
Calixto – Bueno, jalándole al respetito o no continúo. Trae botas negras hasta la rodilla, tronco de minifalda roja y un suéter negro bien escotado. ¡Que suerte la suya compadre! No se le olvide contarme el resto, usted sabe que su tumba no me permite ver hacia allá.
Fernando – Ya llegó compa. Oh, mi madre, que pecho tan generoso. Ahora está arreglando el paquete de flores, ya se va a agachar para colocarlas… ¡ayyy!
Calixto - ¡Compadre! ¡Compadre qué le pasa! Mierda, otra vez se toteó este man.
Varias horas después.
Calixto – Carajo compadre, al fin se recupera usted, ya hace dos horas que cerraron el cementerio.
Fernando – que pena con usted compa, pero la verdad es que no pude soportarlo.
Calixto – Bueno ¡Cuente, cuente!
Fernando – Ya le he contado antes como son esos glúteos de impresionantes.
Calixto – Sí, sí. Siga.
Fernando – También le comenté que antes venía con esos mata pasiones que solo dejaban ver dos hermosísimos muslos…
Calixto - ¡Carajo sí, continúe!
Fernando – Bien, el año pasado vino con una tanga y fue como pude ver tan voluptuosas nalgas.
Calixto - ¡Oiga compadre, me va a mamar gallo o me va a decir de una vez que carajo vio que lo toteó!
Fernando – Bueno, pero es que usted no me tiene paciencia y la verdad es que no sé explicarlo. Mire, cuando se agachó, y por lo que vi, pensé que esta vez no traía nada.
Calixto – Compadre, no me diga que le vio la…
Fernando – Cálmese, cálmese. Un segundo antes del infarto recuerdo haber visto, por los lados del rabito del ñango, un triangulito negro y le juro que no sé qué es.
La vecina - ¡Se llama hilo dental, par de idiotas!
Fernando – Mierda compa, al fin resucitó la bruja de la vecina.
FIN
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